
Fenrir Dragonheart.
El chico era hijo de Baret Forge (Humano, Guerrero) y Kylie Juneo (Humana, Hechicera) ambos encargados de la defensa de Kallej un pequeño pueblo no muy lejos al norte de Stormwind, Capital humana. De la defensa contra los cada vez mas frecuentes ataques de la Horda. El niño, de ojos azules como el cielo artico y pelo negro como el carbon de Zaurek, solo había vivido cinco primaveras cuando el fin de Kallej llego, de la mano de uno de los mas feroces capitanes orcos liderando una matanza que acabo con casi todos los habitantes, entre ellos los padres de el pequeño los cuales se batieron en las primeras filas de defensa. Entre el caos y la confusión el niño consiguió escapar horrorizado por la crudeza de la batalla.
Así solo, asustado, hambriento, magullado y al borde de la muerte deambulo durante 7 días hacia el este, huyendo de los animales salvajes y bestias que pueblan las llanuras de Burning Steppes al final del séptimo día ya sus fuerzas se habían esfumado y su vida llegaba dolorosamente a su fin, acostado boca arriba, resignado a su destino la ultima imagen que vio antes de perder la conciencia fue una figura majestuosa y robusta.
Tyr Dragonheart era un noble y poderoso Draenei, de complexion robusta y piel azul oscura y de aspecto duro como la roca la raza de los draeneis era de las mas jovenes en el nuevo mundo pero seguramente de las mas ancianas de la historia su pueblo fue, antaño, uno lleno de paz y amor e infinita sabiduria, pero Tyr desde que tenia memoria había combatido codo a codo por recuperar la grandeza de la cual su raza fue dueña algún día, pero años atrás fue exiliado de sus tierras por desertar de las filas al negarse a seguir combatiendo en una guerra en la, según el, ya no quedaba ninguno de los antiguos valores ya no se peleaba por libertad y hermandad sino por codicia, ambición e ira.
El vio al chico 5 días antes de que perdiera el conocimiento, primero le siguió ya que le parecía sumamente inusual que una cría de humano vagara sola, por aquellas praderas y pensó que no estaría solo después de comprobar que estaba solo, le siguió únicamente por curiosidad, descubrió que a pesar de sus heridas y su corta edad el joven, parecía bastante persistente, durante el día se refugiaba en los árboles y comía bayas y frutos que encontraba cerca, pero a medida que los días pasaban y que se adentraba mas en las hostiles tierras del este la comida desaparecía y el chico perdía fuerza, Tyr le protegía en secreto de los ataques de enemigos salvajes en busca de su cena, le intrigaba ver cuantos días mas podía aguantar solo en aquellos parajes, el día que el chico perdió el conocimiento y se entrego a su destino, Tyr decidió que le adoptaría como aprendiz y sirviente, además un poco de compañía no le haría mal.
El niño tuvo que madurar rápido, la vida en las Burning Steppes no era nada fácil, la soledad era su peor enemiga y el cada vez mas lejano recuerdo de sus padre le dejaba minuto a minuto además Tyr no era precisamente el compañero mas divertido, era callado y tenia siempre en su mirada un aire pensativo y nostálgico. Pero el humano no se quejaba.
Con el paso del tiempo el Draenei considero que era tiempo de que el niño aprendiera el arte de la guerra y así empezaron los entrenamientos. Lo instruyo en el combate cuerpo a cuerpo y tácticas de guerra pero además el chico tenia que aprender a leer y escribir en varios idiomas y estudiaba matemáticas a la par que aprendía sobre las cualidades de las diferentes razas y su historia. El niño aprendió a apreciar la soledad y respetar el silencio.
El niño aprendió muchas de las costumbres de las diferentes razas, aprendió a respetar a cada una de ellas y a desconfiar de todas. A veces debían ir a por víveres a la ciudad pero aunque al principio el niño no podía esperar para ir, con el paso de el tiempo dejo de interesarle la ciudad y empezó a pensar que allí todo y todos eran falsos, estaba agradecido de su vida, su choza, su infinita pradera. El niño no tenia nombre por lo menos ya no se acordaba del suyo, pasaban los años y jamás Tyr pregunto su nombre.
El lazo entre el Draenei y el humano fue creciendo hasta convertirse en una fuerte amistad el niño que debajo de la coraza inexpugnable del árido guerrero había una persona justa y bondadosa. Empezó a amarlo como a un padre. Y para sorpresa de Tyr el también empezó a amarlo como a un hijo.
Así creció entre durísimos entrenamientos, horas interminables de estudio, y contemplando hermosos ocasos con la compañía de Tyr y sus historias nostálgicas acerca de aquellas tierras hermosas mas allá del portal (Outland) donde un día la raza de su protector fue grande y feliz.
Ya dieciocho veranos habían visitado la vida de el niño cuando la edad por fin alcanzo al viejo draenei y debido a una enfermedad se vio postrado en cama, a partir de ahí los roles se intercambiaron y era ahora el niño quien cuidaba de el guerrero. A Tyr solo le quedaban sus historias y su sabiduría, y el joven pasaba horas sentado al lado de su cama, y hablaban de todo, de nada a veces discutían acerca de las diferentes posiciones políticas dentro de cada una de las facciones y otras veces discutían acerca de la trascendencia de la vida de una flor en la pradera.
Un día, volvía a casa después de un largo día de trabajos y caza, un extraño silencio inundaba sus oídos, y el olor a acero y sangre cruzaba el aire, algo no estaba bien corrió hasta la choza dentro los signos de batalla adornaba cada rincón de la casa dispersados por la choza los cadáveres de cuatro trolls pintaban el suelo con su espesa sangre. Tyr estaba sentado en el suelo en su dormitorio rodeado de un charco de sangre, la espada ensangrentada delante de el y la vista perdida en el horizonte a través de la ventana. Todavía respiraba. EL joven se arrodillo frente a el y examino la herida, Tyr ya le había enseñado suficiente acerca de heridas y medicina como para saber que no había nada que hacer. Se sentaron allí, en el suelo, los dos, en silencio... Las palabras que Tyr pronunciaría a continuación no dejarían jamás la memoria del joven guerrero:
- He tenido una vida plena chico, los dioses me han enviado la batalla para poder morir como un guerrero-Tyr sonreía.
- Deberías viajar, estas inmensas praderas ya no son mas que jardines para ti. No sigas mi ejemplo, no termines siendo un pobre ermitaño, haz que tu existencia trascienda no vivas por vivir. El camino de la espada esta constantemente acechado por la maldad y la ira tuya deberá ser la fuerza para mantener recto el camino bajo tus pies.- Apretó la mano del chico con fuerza.- Cualquiera es capaz de blandir una espada con odio e ignorancia, lo difícil es aprender a hacerlo con amor y sabiduría.
En mi familia el derecho al nombre se obtiene a la par que la madurez y la hombría... es hora de que tu obtengas el tuyo, álzate con orgullo entre los demás, Fenrir Dragonheart, “El Lobo corazón de Dragón.”. Vive en el respeto y la armonía , muere en la gloria del acero...- El gran guerrero exhaló.
Un entierro, una choza en llamas, una mirada atrás... una lagrima. Aquella seria la ultima vez que Fenrir Dragonheart miraría atrás.
El chico era hijo de Baret Forge (Humano, Guerrero) y Kylie Juneo (Humana, Hechicera) ambos encargados de la defensa de Kallej un pequeño pueblo no muy lejos al norte de Stormwind, Capital humana. De la defensa contra los cada vez mas frecuentes ataques de la Horda. El niño, de ojos azules como el cielo artico y pelo negro como el carbon de Zaurek, solo había vivido cinco primaveras cuando el fin de Kallej llego, de la mano de uno de los mas feroces capitanes orcos liderando una matanza que acabo con casi todos los habitantes, entre ellos los padres de el pequeño los cuales se batieron en las primeras filas de defensa. Entre el caos y la confusión el niño consiguió escapar horrorizado por la crudeza de la batalla.
Así solo, asustado, hambriento, magullado y al borde de la muerte deambulo durante 7 días hacia el este, huyendo de los animales salvajes y bestias que pueblan las llanuras de Burning Steppes al final del séptimo día ya sus fuerzas se habían esfumado y su vida llegaba dolorosamente a su fin, acostado boca arriba, resignado a su destino la ultima imagen que vio antes de perder la conciencia fue una figura majestuosa y robusta.
Tyr Dragonheart era un noble y poderoso Draenei, de complexion robusta y piel azul oscura y de aspecto duro como la roca la raza de los draeneis era de las mas jovenes en el nuevo mundo pero seguramente de las mas ancianas de la historia su pueblo fue, antaño, uno lleno de paz y amor e infinita sabiduria, pero Tyr desde que tenia memoria había combatido codo a codo por recuperar la grandeza de la cual su raza fue dueña algún día, pero años atrás fue exiliado de sus tierras por desertar de las filas al negarse a seguir combatiendo en una guerra en la, según el, ya no quedaba ninguno de los antiguos valores ya no se peleaba por libertad y hermandad sino por codicia, ambición e ira.
El vio al chico 5 días antes de que perdiera el conocimiento, primero le siguió ya que le parecía sumamente inusual que una cría de humano vagara sola, por aquellas praderas y pensó que no estaría solo después de comprobar que estaba solo, le siguió únicamente por curiosidad, descubrió que a pesar de sus heridas y su corta edad el joven, parecía bastante persistente, durante el día se refugiaba en los árboles y comía bayas y frutos que encontraba cerca, pero a medida que los días pasaban y que se adentraba mas en las hostiles tierras del este la comida desaparecía y el chico perdía fuerza, Tyr le protegía en secreto de los ataques de enemigos salvajes en busca de su cena, le intrigaba ver cuantos días mas podía aguantar solo en aquellos parajes, el día que el chico perdió el conocimiento y se entrego a su destino, Tyr decidió que le adoptaría como aprendiz y sirviente, además un poco de compañía no le haría mal.
El niño tuvo que madurar rápido, la vida en las Burning Steppes no era nada fácil, la soledad era su peor enemiga y el cada vez mas lejano recuerdo de sus padre le dejaba minuto a minuto además Tyr no era precisamente el compañero mas divertido, era callado y tenia siempre en su mirada un aire pensativo y nostálgico. Pero el humano no se quejaba.
Con el paso del tiempo el Draenei considero que era tiempo de que el niño aprendiera el arte de la guerra y así empezaron los entrenamientos. Lo instruyo en el combate cuerpo a cuerpo y tácticas de guerra pero además el chico tenia que aprender a leer y escribir en varios idiomas y estudiaba matemáticas a la par que aprendía sobre las cualidades de las diferentes razas y su historia. El niño aprendió a apreciar la soledad y respetar el silencio.
El niño aprendió muchas de las costumbres de las diferentes razas, aprendió a respetar a cada una de ellas y a desconfiar de todas. A veces debían ir a por víveres a la ciudad pero aunque al principio el niño no podía esperar para ir, con el paso de el tiempo dejo de interesarle la ciudad y empezó a pensar que allí todo y todos eran falsos, estaba agradecido de su vida, su choza, su infinita pradera. El niño no tenia nombre por lo menos ya no se acordaba del suyo, pasaban los años y jamás Tyr pregunto su nombre.
El lazo entre el Draenei y el humano fue creciendo hasta convertirse en una fuerte amistad el niño que debajo de la coraza inexpugnable del árido guerrero había una persona justa y bondadosa. Empezó a amarlo como a un padre. Y para sorpresa de Tyr el también empezó a amarlo como a un hijo.
Así creció entre durísimos entrenamientos, horas interminables de estudio, y contemplando hermosos ocasos con la compañía de Tyr y sus historias nostálgicas acerca de aquellas tierras hermosas mas allá del portal (Outland) donde un día la raza de su protector fue grande y feliz.
Ya dieciocho veranos habían visitado la vida de el niño cuando la edad por fin alcanzo al viejo draenei y debido a una enfermedad se vio postrado en cama, a partir de ahí los roles se intercambiaron y era ahora el niño quien cuidaba de el guerrero. A Tyr solo le quedaban sus historias y su sabiduría, y el joven pasaba horas sentado al lado de su cama, y hablaban de todo, de nada a veces discutían acerca de las diferentes posiciones políticas dentro de cada una de las facciones y otras veces discutían acerca de la trascendencia de la vida de una flor en la pradera.
Un día, volvía a casa después de un largo día de trabajos y caza, un extraño silencio inundaba sus oídos, y el olor a acero y sangre cruzaba el aire, algo no estaba bien corrió hasta la choza dentro los signos de batalla adornaba cada rincón de la casa dispersados por la choza los cadáveres de cuatro trolls pintaban el suelo con su espesa sangre. Tyr estaba sentado en el suelo en su dormitorio rodeado de un charco de sangre, la espada ensangrentada delante de el y la vista perdida en el horizonte a través de la ventana. Todavía respiraba. EL joven se arrodillo frente a el y examino la herida, Tyr ya le había enseñado suficiente acerca de heridas y medicina como para saber que no había nada que hacer. Se sentaron allí, en el suelo, los dos, en silencio... Las palabras que Tyr pronunciaría a continuación no dejarían jamás la memoria del joven guerrero:
- He tenido una vida plena chico, los dioses me han enviado la batalla para poder morir como un guerrero-Tyr sonreía.
- Deberías viajar, estas inmensas praderas ya no son mas que jardines para ti. No sigas mi ejemplo, no termines siendo un pobre ermitaño, haz que tu existencia trascienda no vivas por vivir. El camino de la espada esta constantemente acechado por la maldad y la ira tuya deberá ser la fuerza para mantener recto el camino bajo tus pies.- Apretó la mano del chico con fuerza.- Cualquiera es capaz de blandir una espada con odio e ignorancia, lo difícil es aprender a hacerlo con amor y sabiduría.
En mi familia el derecho al nombre se obtiene a la par que la madurez y la hombría... es hora de que tu obtengas el tuyo, álzate con orgullo entre los demás, Fenrir Dragonheart, “El Lobo corazón de Dragón.”. Vive en el respeto y la armonía , muere en la gloria del acero...- El gran guerrero exhaló.
Un entierro, una choza en llamas, una mirada atrás... una lagrima. Aquella seria la ultima vez que Fenrir Dragonheart miraría atrás.

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